La tormenta que nunca llegó a pesar del viento, pasa sin dejar más rastro que el barro sobre las paredes. El sol atraviesa las nubes.
Nadie nos puede ayudar a curar nuestra locura.
La tormenta que nunca llegó a pesar del viento, pasa sin dejar más rastro que el barro sobre las paredes. El sol atraviesa las nubes.
Nadie nos puede ayudar a curar nuestra locura.
Un sobresalto en las yemas, el rastro de una gota de sudor
inexistente,
la conciencia de altura desmedida,
la flotación
imperceptible
de nuestro cuerpo en medio del mar
enloquecido.