La paciencia

Para Kafka, el pecado original del hombre es la impaciencia. Me siento a esperar que el curso de mi vida tome un giro inesperado y siento que me arde el estómago. He contado trescientos cincuenta automóviles que cruzan frente a mi ventana. Me invade un llanto extraño que comienza desde mis codos.

Nota sobre el número de Fahrenheit

La repetición de párrafos en el reciente número de Fahrenheit es absolutamente accidental, aunque pudiera seguir el mismo principio ilógico con el que se construyó el texto.

Referencias:

Vale la pena revisar la propuesta del Atlas Group sobre la guerra de Líbano, presentada en la Agnes Etherington Art Center. Generan un personaje ficticio, el artista Walid Raad para hacer una reflexión sobre los coches bomba como objetos de uso común en la guerra. El título del trabajo es fantástico: I feel a great desire to meet the masses once again.

Una idea de supervivencia fácilmente se puede convertir en una forma de vida que se nos escapa por sus dimensiones. Cuando nos encontramos en medio de las aguas y encontramos un trozo de madera podemos llegar a pensar que ese es el universo entero y es muy fácil imaginar la fundación de las ciudades a partir de un naufragio. Lo más difícil es mantener una posición de desarraigo que nos permita ser libres.

Llevamos dos días durmiendo un poco mejor. Fernando me dijo que los ciclos de descanso en el sueño son aproximadamente de 4 horas, por lo cual si te despiertas cada tres, las probabilidades de sentir afectado tu descanso son muy grandes. En estos dos últimos días, el descanso ha sido un poco más estable y eso nos ha permitido actuar con un poco de más coherencia. Recordé la tortura que consiste en no dejar dormir a las víctimas durante varias semanas. Después de experimentar un cansancio atroz, la locura y la incoherencia es lo que seguía. Por lo mismo, entiendo que durante el sueño trabajamos fuertemente en asimilar todo aquello que vivimos durante el día. Se dice que durante el sueño es cuando realmente aprendemos lo que vivimos el día anterior. Estas últimas dos semanas de poco sueño han sido suficientes para descuadrar los procesos normales de nuestros pensamientos, aunque no todas las consecuencias han sido negativas. La depresión, por ejemplo, que había avanzado con pasos firmes, antes del sueño empezaba a manifestarse en la apatía, la falta de sueño, el exceso de apetito, las irrefrenables ganas de llorar cuando estaba solo. Ahora que dejé de dormir, curiosamente el proceso depresivo se detuvo y me siento bastante más tranquilo. Estoy más atontado pero menos vulnerable. Tal vez sea de esta misma forma como funcionan los antidepresivos. Cuando empecé a tomarlos me sentí como un imbécil. Ahora me siento un poco lento, pero más contento.